
La alfombra roja ya está desplegada. Hoy el color dorado brilla con más intensidad que cualquier otro día entre Hollywood Boulevard y Highland Avenue, en donde está ubicado el Teatro Kodak.
Y es que llegó la hora de conocer a los ganadores de la entrega número 82 de los premios Óscar. Y la mesa, así como las apuestas, ya están servidas en Los Ángeles.
Desde el viernes los alrededores del teatro -que desde 2002 recibe a la ceremonia de entrega de premios más importante a nivel mundial-, por donde a diario desfilan decenas de cenicientas entradas en años, clones de Michael Jackson y una lista interminable de superhéroes que posan para las fotos de los turistas a cambio de un dólar, están revestidos con afiches y gigantografías con la imagen de Steve Martin y Alec Baldwin, quienes serán los presentadores del Óscar 2010.
Pero existe otro asunto que inquieta y emociona a los transeúntes, más allá de la fotografía de los animadores. Se trata de la promesa hecha, más que importante, que reza: "Este año verán el Óscar como nunca lo habían visto".
Bill Mechanic, coproductor del programa, quien dice estar seguro que la nueva edición del premio superará los 40 millones de televidentes en Estados Unidos, también le pone su rúbrica al peculiar mensaje de los afiches, que ofrece una ceremonia distinta a todas las antes vistas en estos ochenta años.
"Así será un Óscar único y distinto como no se había visto", advierte sin dejo de humildad el productor, que agrega que "el número con que abre la ceremonia de entrega será más creativo que se ha hecho en la historia del Óscar y, por lo tanto, algo inolvidable", señala.
Y es poquísimo lo que ha podido filtrarse sobre la noche de hoy, debido a que la Academia decidió manejar el programa de la entrega de premios como una sorpresa generalizada, reservándose incluso la información de si habrá o no algún número musical durante la ceremonia.
A lo que apunta tanta expectativa es a la recuperación de la audiencia juvenil, que desde hace años ha venido perdiendo el interés en la glamurosa entrega. La idea es renovar la ceremonia y así, renovar su entusiasta público.
Y vaya que se han empeñado en esta tarea. Por ejemplo, el canal por suscripción TNT -que lo transmitirá en Venezuela desde las 8:30 p.m., incluyendo el preludio de la alfombra roja-, tiene en Brasil un set virtual desde el que los presentadores se comunican con los artistas para hacer preguntas enviadas directamente por el público y así lograr una transmisión más interactiva.
Quizás esa novedad se debe a que, este año, un total de 43 presentadores respaldarán la labor de Steve Martin y Alec Baldwin en la animación. Ayer, la Academia confirmó que entre ellos se cuentan las actrices Jennifer Lopez y Cameron Díaz y el director español Pedro Almodóvar.
Hay más. Entre las novedades que exhibirá la ceremonia este año, está un doble discurso para aligerar el show. Otra apuesta será que, por primera vez, serán 10 y no cinco las cintas que competirán en la selección de la Mejor Pelicula Extranjera, un hecho que por cierto ha hecho bulla pues no todos los competidores están contentos con el complicado sistema de descarte aritmético, que diseñó la Academia para que las 10 historias tengan mismo chance.
También existen otras variaciones. Este año, por ejemplo, la fiesta del Óscar bajó el costo de su pauta publicitaria. De modo que las empresas y marcas que anuncien sus productos y servicios durante el programa, pagarán $1,4 millones por cada 30 segundos de transmisión; es decir, 300 mil dólares menos que en 2008 cuando costaban $1,7 millones por 30 segundos.
Otro cambio tiene que ver con la tradicional combinación de colores dorados y blancos en la decoración del acto del baile de los ganadores. Esta vez, el arquitecto Roger Thomas, encargado del diseño interior de los hoteles Wynn y Encore, de Las Vegas, fue el encargado de elegir tonos bronce y púrpura para engalanar la fiesta que ofrece la Academia a 4.600 invitados; y servilletas, manteles y hasta las toallitas del baño irán en esos colores.
La cena será lo más tradicional. Será responsabilidad de 300 cocineros que están al mando del chef Wolfgang Puck. La servirán 600 mesoneros trajeados de bronce y púrpura. La entrada ofrece cuatro opciones: minihamburguesas, conos de atún, salmón cortado en forma de Óscar y caviar. Pero el plato principal es solo uno: pollo estilo pot pie, que es un pastel. El postre es chocolate con la forma del premio.
Sin embargo, habrá que esperar para conocer las sorpresas. Pero cada vez falta menos para saber qué tan diferente será la ceremonia este año, que de seguro desplegará su artillería en twitter y el resto de las redes sociales, en las que la favorita es Avatar, que si se le impone a The Hurt Locker en el rubro de mejor película, vestirá de azul, por primera vez, al hombrecillo dorado.
Daniel Uzcátegui
EL UNIVERSAL/ENVIADO ESPECIAL
























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