
Hay películas previsibles pero que continúan conservando su encanto: Corazón rebelde es una de ellas. Los personajes, la trama, el drama humano, incluso el posible desenlace nos resultan familiares. Pero la solidez de la puesta en escena y el buen trabajo de los actores mantienen su atractivo.
El Oscar al mejor actor ha distinguido esta película dirigida por Scott Cooper y protagonizada por Jeff Bridges, Colin Farrell, Maggie Gyllenhaal, Robert Duvall, Beth Grant y Sarah Jane Morris.
Bad Blake es un cantante de música country que vive apartado de la sociedad, que ha pasado por demasiados matrimonios y ha tomado demasiado alcohol en su vida. Cuando parece que nada puede salvar su existencia, aparece Jean, una reportera que se convertirá en su última esperanza para sobrevivir.
Corazón rebelde no es una película que sorprenda por su argumento. El patetismo de la vieja gloria venida a menos ya lo vimos en El luchador, y en clásicos inolvidables como Campeón, de King Vidor, con Wallace Beery. Robert Duvall protagonizó un título de ambiente country similar a Corazón rebelde: Tender mercies, obteniendo tambien un Oscar.
El alcoholismo –por su parte– es un tema recurrente en el cine, con obras del calibre de Días sin huella de Billy Wilder o Días de vino y rosas de Richard Quine. No hay sorpresas en Corazón rebelde, pero tampoco su autor, Scott Cooper, las busca.
Es evidente que toda la clave de la película está en Bridges, que como cabía esperar realiza un trabajo inconmensurable, ofreciendo una presencia poderosa y creíble, cantando con esa voz rota y castigada, y jugando con los matices del drama tanto en su mirada como en las composiciones musicales que ensaya. Espléndido, al igual que el veterano Robert Duvall. Por supuesto son interpretaciones hasta cierto punto previsibles, de esas que parecen preparadas para el Oscar, pero Bridges y Duvall demuestran su categoría.
Maggie Gyhenhall está espléndida también, aunque la química con Bridges no acaba de funcionar, tal vez por la cierta inverosimilitud de la relación entre ambos.
Semana ésta –en suma- de transición, marcada por los Oscar. Y la cartelera espera el estreno del regreso de Milikito (Emilio Aragón) al cine, aunque el argumento de Pájaros de papel, oscuro y con reminiscencias guerracivilistas, no parece tener nada que ver con Médico de Familia o con el famoso payaso de la tele. Sin duda, estar al servicio de Roures y de ZP puede cambiar una trayectoria.
Un repaso a los Oscars
Avatar fracasó estrepitosamente en la noche de los Oscar. La cierta prepotencia de James Cameron y la propia debilidad del film –que pierde no poco en una segunda visión– la han convertido en la gran derrotada. A lo que hay que añadir el detalle de que el triunfo ha sido para Kathryn Bigelow, ex mujer del propio Cameron.
Esta edición ha recuperado para las candidaturas a la mejor película algo que ya se empleaba en la segunda mitad de los años treinta y primeros cuarenta: diez películas finalistas. No ha sido un buen año para ese reinicio: si en la era dorada de Hollywood podríamos encontrar cada temporada entre diez o quince películas inolvidables (y en los años gloriosos como 1936, 1939, 1940, 1941, 1946, 1951 o 1956, hasta veinte), 2009 no pasará precisamente a la historia del cine.
En tierra hostil ha sido la gran triunfadora gracias a sus seis estatuillas, entre ellas las de mejor película y mejor directora, un premio histórico al ser la primera vez que lo ganaba una mujer, honor que ha sido para Kathryn Bigelow. Avatar, su gran rival, se quedó con sólo tres premios. Justicia poética que pone en su sitio a una película discreta que ha querido cambiar nada menos que la historia del cine... algo que en absoluto ha sucedido. Fuera de los efectos especiales y en una segunda visión, la película de Cameron pierde fuelle y es desde luego inferior a los dos Terminator y a Titanic. Claro, que En tierra hostil es una película discreta sobre la guerra de Irak que ha indignado a los que realmente han estado en aquel escenario, pero en este año no había mucho para elegir y encima la Academia olvidó Shutter island de Martin Scorsese.
Los galardones a los mejores actores, por su parte, han sido para dos ilustres de Hollywood, Jeff Bridges, por Corazón rebelde, y Sandra Bullock, por The blind side. Buenos trabajos, pero tampoco inolvidables.
Por su parte, los mejores actores de reparto han sido Christoph Waltz, por Malditos bastardos de Tarantino, y, tal y como se esperaba, Mo´Nique, por Precious, que ha impedido a Penélope Cruz lograr su segunda estatuilla. Además, la argentina –con participación española- El secreto de sus ojos ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, categoría en la que se impuso a la alemana La cinta blanca, gran favorita, y a la cinta hispano-peruana La teta asustada.
La dama y la muerte, del español Javier Recio, se quedó sin el Óscar al mejor cortometraje animado, premio que fue a parar a Logorama, de Nicolas Schmerkin.
Por lo demás, corrección política, discreción, algunos buenos gags de los presentadores y poco más... como no sean los cotilleos de los trajes de las estrellas o la presencia de Pedro Almodóvar, Penélope Cruz o Javier Bardem.
























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